¿Percibimos todo lo que nos rodea? ¿Cómo convivimos con la realidad, el cambio y la impermanencia? Pasamos por experiencias perceptuales ―sensoriales, mentales y somáticas― que nos atraviesan sin que las nombremos, sin que las reconozcamos del todo. Mi trabajo parte de la brecha entre lo que ocurre y lo que creemos que ocurre.
Esa brecha es, para mí, materia ontológica, territorio estético y cuestión política: una micropolítica de lo cotidiano, donde lo inadvertido y lo efímero se revelan como imágenes en tensión y paradoja. Esto organiza mi práctica: rescato formas en los pliegues de la experiencia cotidiana y los traduzco en imágenes para explorar maneras de resignificar y reinterpretar momentos, espacios y procesos.
Aproximo mis investigaciones desde el dibujo, la pintura, la cerámica, el grabado y el collage como territorios con lógicas propias, cada uno capaz de formular preguntas que los otros no pueden. Técnicas distintas, materiales distintos, escalas distintas. Pero el mismo gesto: detenerme. Hacer consciente lo que fluye inadvertido, para proponer la atención lenta y meditativa, como forma de conocimiento y registro.
Produzco imágenes que cuestionan la percepción y la representación, buscando incitar a una contemplación ampliada por lo ignorado, lo raro, lo descartable, lo ambiguo y lo sensible.
